martes, 7 de noviembre de 2023

Pecados, delitos y faltas

 


No es fácil encontrar a alguien de mi generación y de la anterior que no haya sufrido malos tratos en algún colegio religioso. Su método de enseñanza se basaba demasiadas veces en el miedo y en una violencia a menudo fría y sigilosa que emanaba del poder atribuido a individuos no preparados y provistos de una insidiosa forma de utilizarlo. Por si alguien no conoció ese estado de cosas hoy sabemos que ese poder se convertía con frecuencia en herramienta de abusos sexuales en un entorno donde el sexo era tabú: la represión normativa conducía a callejones sin salida y a sórdidos e infames atropellos a menores. Muchos de aquellos religiosos habían renunciado a su sexualidad sin haberlo decidido sopesadamente, solo por el mero hecho de que la renuncia y el tabú eran exigencias de su organización. Esa castración la pagaron otros a un precio altísimo.

Tal situación de represión, prepotencia y despotismo se mantuvo durante décadas, amparada por la alianza entre la dictadura franquista y la iglesia católica y disimulada después, ya en democracia, por un Concordato feudal y un sistema educativo peculiar en que los colegios católicos eluden normas con demasiada permisividad y la religión sigue ocupando hueco entre asignaturas científicas. Una situación que ha seguido escondiéndose y no es denunciada por buena parte de la jerarquía católica sin que hasta la fecha ninguna de esas complicidades haya sido perseguida por la justicia, impunidad que se aproxima a una amnistía corporativa, ahora que se habla tanto de amnistías. Todo sea dicho muy presuntamente... Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/pecados-delitos-faltas_146492_102.html?fbclid=IwAR3EUsQ0wknrIzWhHMEJ5nzfS9VAtX6FkLLF33Q1OLK1Hk5-tyaRzWE6DCM

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 05/11/2023)

 

lunes, 30 de octubre de 2023

Aguacero

 


Chaparrea sin contemplaciones desde primera hora de la mañana. A cada paso tropiezo con los siguientes ciudadanos: el que lleva apoyado el paraguas en el hombro y se siente cómodo, la que colecciona ojos de transeúntes, el que habla con el móvil quejándose de lo mal que se camina y sujeta el paraguas con la oreja libre impidiendo el paso, el 0’1% de personas que usa abrigo con capucha y se la pone (y no ve bien), el 0’1% de personas que usa abrigo sin capucha y se sube el cuello del abrigo para cubrirse la cabeza (y no ve bien), el que corre los cien metros lluvia outdoor, el que se ha plantado en medio de la acera para charlar con un amigo, los que caminan juntos muy despacio bloqueando el paso, los que no caminan juntos pero bloquean el paso, la angustiada madre de dos criaturas una de las cuales va en carrito y no puede pasar pese a llegar tarde al colegio…

Uno de los dos carriles de la calzada está cortado por obras a la salida de un semáforo. La vía libre es ansiosamente ocupada por los muchos conductores que pugnan desde ambos carriles antes del corte. Hay pitidos y alguna blasfemia supera las ventanillas cerradas para alegrar la jornada en horario escolar. Una furgoneta de reparto efectúa una maniobra que he visto en Misión: Imposible IV para colocarse atravesada. El del patinete y el de la bici se las ven felices pero el operario que corta el carril es implacable y su mirada acojona. Se detienen. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/aguacero_146122_102.html?fbclid=IwAR03m-LqUyQCPuvnP2sKfISVt90ZP59NUXui3hdn6lPrVMi8FhGFuSgw5k8

    (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 29/10/2023)

domingo, 22 de octubre de 2023

Antisemitismo y obviedades

 


En los años de mayor actividad de ETA había gente que identificaba a cualquier vasco con un etarra. Esa línea de pensamiento (o de enajenación) conduce a Israel a arrojar su furia sobre niños, ancianos y civiles desarmados. Vivimos una época en que las obviedades implican demasiado a menudo avisar primero y argumentar después. Procedamos. Parece llegado el momento en que cualquier ciudadano informado y neutral se haya percatado de que la respuesta a un ataque terrorista (tan execrable y violento como puedan describir las palabras) no puede ni debe ser el bombardeo indiscriminado de un territorio donde la población civil se apiña sin lugar seguro donde refugiarse. Parece llegado el momento en que condenar aquella insensata barbarie y esta bárbara insensatez no sea considerado incompatible ni partidista.  

 Cuando se sepa quién arrojó un mortífero proyectil sobre un hospital de Gaza y la dimensión de esa masacre, esa información no cambiará mucho la situación: existe un grupo terrorista tan condenable como otros o más y existe un Estado que desprecia el Derecho Internacional, las resoluciones de la ONU y los llamamientos a la cordura y la humanidad para encerrar, oprimir y, ahora, bombardear a dos millones de personas. Si no fuera por las connotaciones que tiene para el pueblo hebreo se diría que han convertido esos 300 km2 cuadrados (algo más que el municipio de Ponferrada) en un inmenso campo de concentración. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/antisemitismo-obviedades_145721_102.html?fbclid=IwAR3G4CiDIEmFCmjpqLPkpYsw2hiQFsh3NVvlrgLwlftUMoNc8VYf1kkxHO0

    (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 22/10/2023)