Regreso de una pequeña excursión veraniega por una carretera estrecha y recta sin apenas tráfico, con las ventanillas del coche abiertas disfruto el crepúsculo de finales de julio, con su ofrecimiento de frescor y placidez. Entonces huelo el humo, de manera leve pero inequívoca. Descubro también que gran parte de las nubes altas del horizonte no son sino humaredas, enormes columnas gris ceniza lejanas y monstruosas. Se quema el monte junto a nuestra casa, arden los paisajes que son nuestros, de mis vecinos, de todos.
El fuego no es un fenómeno extraño o excepcional; protagoniza la historia del ser humano desde siempre, una historia que puede entenderse a través de los intentos por dominarlo, por controlar una reacción peligrosa y necesaria, por contener su capacidad de destrucción y encauzarla en nuestro beneficio. Se diría que estos días vuelve para vengarse de ese dominio. Porque estos días no necesita mucho: combustible, oportunidad y circunstancia. El primero se acumula sin control en nuestros campos; nadie impide limpiarlos, es obligado, aunque muchas veces quienes deben hacerlo (individuos, administraciones…) no sean capaces o lo desatiendan. Vivir en el campo, pero no del campo conlleva abandonos que acaban por pagarse caro. La oportunidad aparece con las altas temperaturas y la casualidad o la temeridad, la negligencia o la criminalidad: hay quien quema el monte por acción pasiva y otros por activa, sea esta intencionada o accidental, cuando se incumplen leyes con resultado nefasto. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/personajes-nuestra-histeria-6-fuego_200720_102.html?fbclid=IwY2xjawTdH01leHRuA2FlbQIxMABicmlkETBHUHNCUDdWTVVzbFFTSDdrc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHgY5Zj8gM15OpbMy_UK-ogBU6lDGs8cSNYDSrHwdnkqO_I_Vb1MJ-2lFOGVV_aem_TyBShVkUtXo7KwIl0zmzHA
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 02/08/26)

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