Resulta muy provechoso contar con personas de segunda clase. En la antigua Roma (esclavos), en la Edad Media (siervos) o en el antiguo régimen (vasallos), este grupo soportaba los privilegios ajenos y se ocupaba de las tareas más desagradables y duras. Un chollo. Se les robaban muchas cosas, sobre todo la posibilidad de ser personas como los demás y, en términos económicos, eran despojados del rendimiento de su trabajo y de sus posesiones. En época moderna se ha reverdecido esa segregación con distintas fórmulas que señalaban a determinados grupos definidos por su etnia o procedencia y aunque el concepto no fuera nuevo, adquiría nuevas galas verbales: pureza de sangre, pureza racial (leyes de Núremberg, apartheid)… Una larga lista de atrocidades se ha amparado en este tipo de discriminaciones por razón de procedencia, sexo, etnia o religión.
A menudo, también, esa idea ha estado detrás del colapso -social, cultural, económico…- de distintas sociedades, una de ellas, precisamente, la que tanto orgullo vano y tontorrón provoca en los promotores de la nueva versión: la “España imperial” fracasó cuando se empeñó en expulsar a españoles de otra fe o persiguió a los que prefirieron quedarse para apropiarse de lo suyo. Como el holocausto judío fue asimismo un inmenso robo o el genocidio palestino lo es, pureza de sangre o prioridades sociales son, en fondo y forma, un atraco a mano armada. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/pureza-sangre_195612_102.html?fbclid=IwY2xjawRlFt5leHRuA2FlbQIxMABicmlkETBGV1Q5d2t5Y295Tm5IcGdKc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjqzlTUU-LxyLpfR5Cj115PdPhYM_sk5ZW8Swohbr90y7Rcf_d5qJYaRmVEX_aem_2AEqVGDZPAHlInzXEivtnQ
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 03/05/26)

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