Se suele resolver de un plumazo: el negacionista es un cuñado pasado de revoluciones, un cachondo involuntario o un cretino lengualarga. O las tres cosas a la vez. Pero no, este representante destilado del Zeitgeist de nuestro tiempo también ha de tener sus normas.
En primer lugar, digámoslo con rotundidad: “negacionismo” no es un buen término, no se atiene a la fidelidad que uno espera de una palabra. Quienes niegan lo cierto suelen afirmar otra cosa, por disparatada que sea. Propongo llamarlo disparatadismo, irracionalismo... O ignorancia en general, ya que darle la categoría de “ismo” lo convierte en sistemático y sistema, lo que se dice sistema, no hay.
Nadie puede tirar la segunda piedra, porque quien más y quien menos cuenta con sus propias creencias acientíficas y absurdeces de cabecera. De seres imaginarios y superpoderosos están pobladas toda religión y fe, y el empeño de cada una por imponerse como verdadera ha costado tantos o mayores conflictos que la caterva negacionista que se ha venido encima en estos tiempos virales y atrabiliarios. Aplicando la teoría de conjuntos comprobamos que tales creencias se comportan como grupos sucesivamente incluidos uno en otro y establecen la siguiente regla del negacionismo: a cuantos más conjuntos se pertenezca peor. Con permiso de don Euler, más que conjuntos planos podríamos hablar de conjuntos tridimensionales, suerte de sumidero cónico, de forma que la tontería se acelera a medida que se desciende en ellos. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/negacionista_189112_102.html?fbclid=IwY2xjawPRgBlleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBWVGdVN0xKaXRGUDhyS1p0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHiIy3FD-qJ7_HxkmvZ-pGaDMNZshKOy3Pc8lFcWCdvTRLmIN-fTj_zhlSS93_aem_Wx3HlrwMpHcJ6EyNDEB4OQ
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 11/01/26)

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