lunes, 4 de mayo de 2020

Historia de una desescalera


 
“Nueva normalidad” es una expresión contradictoria, un oxímoron. La normalidad se define por ser algo sabido, usado, nada se normaliza hasta que deja de ser nuevo. Por tanto, una nueva normalidad empieza por ser una anormalidad. El primer síntoma de una anormalidad se detecta en el vocabulario, en las rupturas entre significante y significado que sitúan lo que decimos en las afueras del diccionario. Palabras y expresiones novedosas se cuelan en la cotidianidad sin que sepamos aún qué significan, para darnos la impresión de que quieren decir algo que deberíamos saber. Algo que siempre ha estado ahí y que, si no sabemos, es por culpa nuestra, un descuido o una falta de previsión, no el resultado de una realidad cambiante a traición a la que podamos culpar. Nos lo tienen que explicar todo, como a los críos. En un futuro neonormalizado, el diccionario tendrá que acoger nuestras desescaladas, entre los descensos (y descendimientos), las bajadas y demás retornos a un punto de partida situado a un nivel inferior. ¿Inferior? Por supuesto, ahí una de las claves de la “nueva normalidad”, será inferior. La asociación de las palabras de un nuevo vocabulario delimita el campo semántico de los nuevos hábitos, forja el idioma neonormal que explicará lo que sucede. Lo estamos aprendiendo, como niños pequeños. No nos apremien. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/historia-de-una-desescalera

 (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 03/05/2020)


lunes, 27 de abril de 2020

Regresa el pasado como suele


 
Los aficionados a las ficciones basadas en hechos reales se preguntan cuánto tardará esa novela o esa película que dé cuenta de esta calamidad, que la convierta en algo relatado, asumible, algo que consiga someter la alucinación. Eso ya se ha hecho. Veo estos días “Chernobyl” (sirva de recomendación para la sección de este periódico), una esas series magníficas, una gran película de cinco horas dividida en capítulos. Me advirtió un amigo: es excelente. Si no la han visto, seguro que pueden recordar o informarse sobre aquel accidente nuclear que este 26 de abril cumple treinta y cuatro años y a punto estuvo de emponzoñar Europa entera y mató, enfermó o arruinó la vida de multitud de inocentes expulsados de su hogar o conducidos allí para salvarnos. Las similitudes abruman: un incidente imprevisto pero avisado por las casandras de siempre, una amenaza letal que al principio no era creíble porque no podía verse, una enfermedad que se llevó a muchísimos de una manera cruel y súbita, que continuó después, que continúa todavía, mandatarios desbordados buscando con desesperación el consejo científico y no siempre dispuestos a seguirlo, víctimas inocentes y personas que se sacrificaron. “Chernobyl” retrata al ser humano en medio de un desastre. Quienes intentan silenciarlo y escurrir el bulto, los que se acobardan y los héroes que nunca quisieron serlo y nos salvan a todos de forma anónima y resignada. Qué sería de nosotros sin aquellos que hacen lo que debe hacerse. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/regresa-el-pasado-como-suele
 

 (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 26/04/2020)

domingo, 19 de abril de 2020

Un árbol que cae



La conocerán, es una de esas trampas filosóficas sin salida, una aporía. Una de sus formulaciones dice: si un árbol cae en el bosque y nadie lo oye ¿hace ruido? El sonido depende de la presencia de un órgano que transforme la vibración del aire y de un cerebro que lo conciba. Pero, por otra parte, el árbol ha caído; podremos comprobarlo. ¿Depende la realidad de la existencia de un observador? En ese caso ¿existe la realidad sin ese testigo? Se atribuye al clérigo irlandés George Berkeley la sistematización de estos planteamientos, pero abundan en otras culturas, como el budismo, y hasta se dice que Einstein jugueteó con la idea. ¿Habría universo sin una inteligencia que lo conociera, que lo experimentara, que se aventurase en él? Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/un-arbol-que-cae

 (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 19/04/2020)

domingo, 12 de abril de 2020

Los malos

Me conmueve muchísimo el esfuerzo formidable y tan temerario de los sanitarios combatiendo al peligro común, las celebradas altas de los primeros enfermos en las UCIs o de aquellos a priori predestinados a una muerte segura por su edad o sus dolencias. Me emocionan los reportajes de personas solidarias que telefonean a ancianos desconocidos para paliar su soledad, de policías o soldados entregados a labores penosas con un espíritu de servicio encomiable, de gestos solidarios y nobles por doquier…. Siento una simpatía inesperada por algunos de los entretenimientos que se prodigan de terraza en terraza y hasta me agita una nostalgia un poco absurda cuando veo imágenes de animales sobrevolando o paseando solitarios y confusos por las calles de una gran ciudad colmada de trinos. Aunque sepa que algunas pueden ser un montaje, incluso así me gustan. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/los-malos-3

 (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 12/04/2020)