domingo, 14 de junio de 2026

Old money

 


La estética viene en el lote ultra y, entre otras actualizaciones del pijerío, se ha puesto de moda el estilo denominado -en inglés, of course- “old money”. El dinero viejo de toda la vida. Su principal pretensión es presentarse ante los demás (verbo posturear) como revelador de una fortuna gran reserva, rico de estirpe, en absoluto arribista o esnob, y, por tanto, no necesitado de exhibir riqueza sino de envolverse en ella de forma discreta, como quien no quiere la cosa, una suerte de pudorosa opulencia: tengo pasta porque no tengo más remedio, como quien tiene los pies planos. Lujo silencioso, lo llaman también, aunque grite clasismo a los cuatro vientos.

La riqueza vieja se imita con dificultad. Se reconoce de inmediato al rico de familia: más allá de su físico impecable (dentadura de casta, mandíbula salediza…), posee una afabilidad distinguida, un “saber estar” que se decía, y se mueve como pez en el agua en cualquier situación porque se sabe a salvo de cualquier marejada. A veces ni siquiera lleva dinero para contingencias, porque las contingencias pertenecen a un territorio sobre el que es llevado en volandas. Trata a todos, conocidos o no, con familiaridad un punto indulgente y si su cháchara informal y campechana no le compromete, la protocolaria no respeta norma alguna porque todo se disculpa a un invitado y él siempre está invitado, es un honor su presencia y acaso su mera existencia lo sea. Sus faltas desaparecen mientras reconviene las ajenas paternalmente. La palabra condescendencia le define. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/old-money_198160_102.html?fbclid=IwY2xjawScdVFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBsaU84eXJBdXlWMU43UzJ0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjUJU8UfdPyo6ULtPNhrvTD6xcA00tU-6b9N0j8S3Eb8b3E1HKySOMsh9Sql_aem_QYNgaMYQTschBhwYU5qSeA

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  14/06/26)  

domingo, 7 de junio de 2026

Las casitas

 


Por unos días hemos dejado de pensar en las casas para preocuparnos de la Casita. Los no iniciados -cada vez menos- hemos descubierto que la Casita de los conciertos de Bad Bunny replica en el escenario una vivienda tradicional puertorriqueña a la que invita a diferentes espectadores. Todo el mundo quiere pasar un rato allí y, sobre todo, ser fotografiado, difundir y que se difunda su visita. Los agraciados se vienen seleccionado en el ambiente denominado VIP, consistente en famosos y otras personas (en general mujeres) de físico “normativo”, eso es, pibones, comportamiento que ha provocado críticas y ha sido discretamente enmendado con alguna que otra persona “normal” (¿normalizada?).

Más allá de su visión y misión promocionales, la Casita es una metáfora perfecta y muy oportuna. Relata la conversión de una vivienda distintiva, y en teoría humilde, en alojamiento efímero de personajes con dinero cuya presencia es deseada y cuyo modelo de vida justifica un “allanamiento de morada” tan literal. La casa popular de los ancestros se rinde a la arrolladora invasión de un contingente de paso, turístico, que ha laminado el sentido primero y respetable de esa casa, su raigambre trasplantada al terreno de las ambiciones crematísticas; su alma vendida a un diablo realquilado. Así nuestras ciudades, especialmente sus cascos históricos que teníamos por divisa identitaria y trasferimos al mejor postor, al visitante VIP. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/casitas_197702_102.html?fbclid=IwY2xjawSTO-hleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBLYjc4a1hmcE5ZaWNnVkhkc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHv1Mdgy5gXAC-me3cuLYCxmO9V12OlDm-KKfk24MnSB3n5EerlErJgU-XnVw_aem_v-HQJaO8Lu7C0Zb5fiiIrw

    (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  07/06/26)