A don Antoni, llamado Antonio en tiempos de menor respeto por otros idiomas peninsulares, se le asocian de inmediato y popularmente tres peculiaridades: los edificios insólitos, la beatería y el sistema tranviario barcelonés. Ahora, también, el hastío.
De Osaka a Pontevedra el público venera al genial creador catalán (así, las tres palabras seguidas). Esa adoración lo ha convertido en marca de éxito, marchamo irrefutable, etiqueta de postín, vitola pata negra y, al fin, fértil sumidero de expectativas y excrecencias culturales. Su nombre no cabe pronunciarse en vano, hueco o tragaluz, constando para sus admiradores como genio creador y para sus correligionarios como siervo de Dios y venerable individuo, lo que debe ser molón, ojo, cuidao.
Por su parte, León hace gastado alarde de dos obras tempranas del maestro que, con la cántabra de Comillas, suponen ejemplares únicos fuera de els Països, urogallos de la edificación. Sin embargo, en ambos casos leoneses don Antoni acabó escaldado y hasta los paraboloides, más en la inacabada obra de Astorga, donde fue morir el obispo paisano suyo (con quien el autor de estas líneas no tiene nada, ojo, cuidao) y mandar a tomar mediterráneos aires a tan ilustre artista. Para celebrar esas acreditadas desavenencias y malos tratos hoy existen sendas figurillas urbanas de bronce en ambas localidades, una sentada (León) y otra de pie (Astorga), que se unen a las de Comillas (sentado) y Barcelona (de pie). Siempre fuimos más propensos a las honras fúnebres broncíneas que al trato en vivo. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/personajes-nuestra-histeria-2-gaudi_199299_102.html?fbclid=IwY2xjawTBc59leHRuA2FlbQIxMABicmlkETBXbGltQUd0cTV2VElLT3dwc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHm78z7-IrmKuMhyT2LXY7ygHxzj_Y4moATBaoDn9EPiuocZcCX_7ov8bgw-W_aem_hX9oTk7cc6QG8_OeQcHlcA
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 05/07/26)

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