martes, 6 de octubre de 2026

Sin embargo

 


El desahucio de una anciana discapacitada de su casa de toda la vida ha sido retransmitido en directo para que pudiéramos comprobar hasta dónde llega la maquinaria que nos despoja lenta pero inexorablemente de nuestros derechos elementales. Para llegar a esas escenas dramáticas y a tantas otras ha tenido que intervenir una multitud de funcionarios públicos puestos al servicio de los intereses financieros privados que protagonizan ese expolio de derechos en todo el país: un sistema judicial que no ha tenido a bien amparar la fragilidad de una vida humana, un número elevado de policías que para sí quisieran ciertos delitos, personal de sanidad pública en tareas que les son propias aunque no apetecibles... Mientras tanto, quienes defienden los derechos de esa mujer y de todos en la calle son víctima de escarnio y manipulación públicos.

No hay mejor negocio hoy día que el embargo de nuestros derechos fundamentales. Mientras salud y educación son invadidas por empresas o contaminadas por conductas empresariales, la alimentación y la vivienda son monopolizadas por intermediadores cuyo enriquecimiento especulativo no se limita o sanciona; a veces incluso se recompensa con exenciones. Todos ellos se embolsan pingües beneficios por una sencilla razón: son imprescindibles. Durante décadas la producción de bienes de consumo se ha centrado en convertir en necesario aquello que no lo era: el deseo por obtener una determinada cosa o una determinada marca aún provoca enormes ganancias. Pero cualquiera de esos productos es excusable o, como diría José Luis Cuerda, contingente. Lo necesario es mejor negocio, lo necesario es el negocio. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/sin-embargo_203979_102.html?fbclid=IwY2xjawUxoWtleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMGh4eE4zMGRjM3lheE5IRXlzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeG6u7SvoB7fPx8hOv6oNl7WxRiEKWBZP04MdvGheSSUa8e62mvwE13_GoRjI_aem_uU_9qCPv-pK-uAYCkkOqcQ

               (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  04/10/26)

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Invasores

 


Cada año invaden nuestro territorio cerca de cien millones de personas, alojadas sin mayores problemas en un país donde no hay viviendas asequibles para sus propios ciudadanos, pese a lo que proclama pomposamente su ley fundamental. Son bienvenidos.

Cada poco, voceadores, abanderados, evasores fiscales y demás patriotas de campanario abonan su forma de ver la historia recurriendo a leyendas medievales o epopeyas de cartón piedra que se alejan de la realidad como un cuento de Calleja. En ese repertorio escogen pellizcos de cronicones militares, un par de anécdotas políticas amojamadas y alguna arenga con exceso de condimento y cocinan un pasado alternativo que nadie en su sano juicio se cree. Esa manera de expurgar y deformar a discreción el pasado suele rehuir sanos productos de temporada: las épocas recientes, precisamente las mejor conocidas y más influyentes en el presente y, en nuestro caso particular, las menos ejemplares, si es que alguna época lo fuera. El siglo XIX, por ejemplo, no gusta. El colonialismo, por ejemplo, se tiene por un plato indigesto que nadie quiere catar.

Entre todas las tierras del plantea, las africanas han sido las más expoliadas, sojuzgadas y atracadas a placer durante los últimos siglos por potencias europeas que suelen mirar para otro lado cuando se mencionan sus atropellos. Millones de personas fueron masacradas o esclavizadas en beneficio de Occidente, mientras sus recursos se dilapidaban en favor de magnates extranjeros. El continente entero sufrió y sufre las consecuencias de ese sometimiento, bien patente en las líneas rectas de sus fronteras artificiales o en la deformidad del mapa Mercator que ahora, simbólicamente, se reconoce discriminatorio. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/invasores_203593_102.html?fbclid=IwY2xjawUm46VleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMDU5NmF5UTl6U1FsZTBOVWpzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeoI5L9KdtjJtI_k7N4hTAgWbSuvD8TUD2doftXb043CoGv5axK-P3PiyRT5E_aem_hpivOv_rYSRqe3sM8Sca6w

              (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  27/09/26)

domingo, 20 de septiembre de 2026

Fumus boni iuris

 


Uno de los rasgos que más distingue a la ultraderecha (y cada vez más a la derecha) es el cuestionamiento de las elecciones democráticas; de la propia democracia, por tanto. A Trump o los abascales de aquí las elecciones les huelen a amaño, a fraudes que no demuestran pero denuncian. Y en buena lógica argumental y consecuente, cabría corregir sus resultados o, llegado el caso, prescindir de ellas, cosa que ya ha sugerido el delincuente presidente de los Estados Unidos.

No deja de ser curioso, en particular, que esas derechas hayan ganado o ganen elecciones limpias y las que pierden o pueden perder no lo sean. Así el Partido Popular, inscrito en el club de la insidia, ignora las elecciones autonómicas y municipales que ganó para centrarse en las estatales, que, por cierto, también ganó, pero sin suficiente margen. Solo son limpias si las ganan. Y por goleada.

Another Brick in the Wall acaba de colocar el Tribunal Supremo, negando cautelarmente el derecho a votar a unos cientos de miles de españoles por iniciativa, precisamente, de Vox y de Iustitia Europea, otro partido de cuño ultra. Uno de los argumentos encaja como guante en el prontuario mencionado: podrían alterar el resultado electoral. Ole. Como si los votantes desvalijados no formaran parte legítima de ese resultado, como si un solo votante no lo alterase, como si esa alteración pudiera, según extrañas averiguaciones del tribunal, favorecer a uno (malo) en lugar de otro (bueno). Eso es una bola mágica y no la de la bruja Avería. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/fumus-boni-iuris_203119_102.html?fbclid=IwY2xjawUdqdVwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMFJiVFE5VXpSQXpjbkVmY3lzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeNmEDd0k6Gy548q8uOEas0EGs9bPHpwnsw5QKwngLW-afpFdvqW2f1lwmdOg_aem_kUyvSDl-oVKWyxtpx_vUcg

             (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  20/09/26)