Pasadas las 10 de la mañana del 12 de octubre de 1654 una enorme explosión reventó buena parte de la próspera ciudad neerlandesa de Delft. El estallido del polvorín del convento de Santa Clara, “El trueno de Delft”, como se conoció, resonó a más de 150 kilómetros de distancia y mató a más de un centenar de personas, entre ellas al portentoso pintor Carel Fabritius, destruyendo además gran parte de su obra. Ese mismo año regresaba a su ciudad natal Anton van Leeuwenhoek, padre de la microbiología, perfeccionador de la óptica y el microscopio y vecino de uno de los pintores hoy día más célebres del mundo: Jan van Vermeer. La cámara oscura, el microscopio y el telescopio se encuentran entre las herramientas que Vermeer utilizó para ir más allá en las indagaciones que han hecho de la pintura barroca holandesa una de las cumbres del arte mundial. Algunas de sus mejores obras han llegado al Museo Thyssen de Madrid desde el Mauritshuis de La Haya hasta el próximo mes de enero.
Entre ellas se encuentra la Vista de Delft (1660-61), uno de los paisajes más célebres y reconocibles de la pintura mundial, el cuadro más bello del mundo para Proust. No siempre fue así. Durante siglos y desde antes de su muerte, Vermeer no figuró entre los pintores de moda, arrasado por un cambio de gusto (como les sucedió a Rembrandt o Rubens) y arrinconado por su escasa producción de pequeño formato y clientela local. Su redescubrimiento y el gusto del público, sin embargo, han hecho que sus menos de cuarenta cuadros conocidos sean objeto de desmedida avidez para el aficionado y los museos. Entre ellos, este paisaje urbano ocupa un lugar de excepción a causa de sus dimensiones y ambición en una obra dominada por el recogimiento interior y el detenimiento en las calidades de los objetos. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/espejo-delft_205665_102.html?fbclid=IwY2xjawVWanRleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMFBydHFWZ3FiRnZYZFNZQmZzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEfABtsiS6X7OyaBBdqx6Kc8rUlj67zK_tTeSiVdSd9qVzF-9Huwk-qj1qztO8_aem_TRfxMLZLgZCZR4AM8kEdEg
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 01/11/26)


