domingo, 27 de septiembre de 2026

Invasores

 


Cada año invaden nuestro territorio cerca de cien millones de personas, alojadas sin mayores problemas en un país donde no hay viviendas asequibles para sus propios ciudadanos, pese a lo que proclama pomposamente su ley fundamental. Son bienvenidos.

Cada poco, voceadores, abanderados, evasores fiscales y demás patriotas de campanario abonan su forma de ver la historia recurriendo a leyendas medievales o epopeyas de cartón piedra que se alejan de la realidad como un cuento de Calleja. En ese repertorio escogen pellizcos de cronicones militares, un par de anécdotas políticas amojamadas y alguna arenga con exceso de condimento y cocinan un pasado alternativo que nadie en su sano juicio se cree. Esa manera de expurgar y deformar a discreción el pasado suele rehuir sanos productos de temporada: las épocas recientes, precisamente las mejor conocidas y más influyentes en el presente y, en nuestro caso particular, las menos ejemplares, si es que alguna época lo fuera. El siglo XIX, por ejemplo, no gusta. El colonialismo, por ejemplo, se tiene por un plato indigesto que nadie quiere catar.

Entre todas las tierras del plantea, las africanas han sido las más expoliadas, sojuzgadas y atracadas a placer durante los últimos siglos por potencias europeas que suelen mirar para otro lado cuando se mencionan sus atropellos. Millones de personas fueron masacradas o esclavizadas en beneficio de Occidente, mientras sus recursos se dilapidaban en favor de magnates extranjeros. El continente entero sufrió y sufre las consecuencias de ese sometimiento, bien patente en las líneas rectas de sus fronteras artificiales o en la deformidad del mapa Mercator que ahora, simbólicamente, se reconoce discriminatorio. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/invasores_203593_102.html?fbclid=IwY2xjawUm46VleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMDU5NmF5UTl6U1FsZTBOVWpzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeoI5L9KdtjJtI_k7N4hTAgWbSuvD8TUD2doftXb043CoGv5axK-P3PiyRT5E_aem_hpivOv_rYSRqe3sM8Sca6w

              (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  27/09/26)

domingo, 20 de septiembre de 2026

Fumus boni iuris

 


Uno de los rasgos que más distingue a la ultraderecha (y cada vez más a la derecha) es el cuestionamiento de las elecciones democráticas; de la propia democracia, por tanto. A Trump o los abascales de aquí las elecciones les huelen a amaño, a fraudes que no demuestran pero denuncian. Y en buena lógica argumental y consecuente, cabría corregir sus resultados o, llegado el caso, prescindir de ellas, cosa que ya ha sugerido el delincuente presidente de los Estados Unidos.

No deja de ser curioso, en particular, que esas derechas hayan ganado o ganen elecciones limpias y las que pierden o pueden perder no lo sean. Así el Partido Popular, inscrito en el club de la insidia, ignora las elecciones autonómicas y municipales que ganó para centrarse en las estatales, que, por cierto, también ganó, pero sin suficiente margen. Solo son limpias si las ganan. Y por goleada.

Another Brick in the Wall acaba de colocar el Tribunal Supremo, negando cautelarmente el derecho a votar a unos cientos de miles de españoles por iniciativa, precisamente, de Vox y de Iustitia Europea, otro partido de cuño ultra. Uno de los argumentos encaja como guante en el prontuario mencionado: podrían alterar el resultado electoral. Ole. Como si los votantes desvalijados no formaran parte legítima de ese resultado, como si un solo votante no lo alterase, como si esa alteración pudiera, según extrañas averiguaciones del tribunal, favorecer a uno (malo) en lugar de otro (bueno). Eso es una bola mágica y no la de la bruja Avería. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/fumus-boni-iuris_203119_102.html?fbclid=IwY2xjawUdqdVwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMFJiVFE5VXpSQXpjbkVmY3lzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeNmEDd0k6Gy548q8uOEas0EGs9bPHpwnsw5QKwngLW-afpFdvqW2f1lwmdOg_aem_kUyvSDl-oVKWyxtpx_vUcg

             (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  20/09/26)

domingo, 13 de septiembre de 2026

Cambio de dispositivo

 
 

Cuando cambiamos de teléfono móvil, dejamos en el viejo un rastro de vida y recuerdos, como una serpiente que mudase de piel. Lo guardamos en un cajón con la esperanza de recuperar alguno de esos momentos que creemos atesora, pero sabiendo en el fondo que será difícil volver a encenderlo, por desgana, extravío o mera insolvencia tecnológica para volverlo a la vida. Una parte de nosotros se archiva, un capítulo concluye súbito, sin sentido ni razón. El nuevo aparato es más agresivo. Comienza por interrogarnos sobre nuestras preferencias e intenciones, pasa revista a nuestros deseos y toma nota de aquello que podrán obtener de nosotros quienes lo construyeron y equiparon. Llegamos a sospechar que esta resplandeciente prótesis no juega en nuestro favor, no es parte de nosotros y debemos cuidarnos de ella. Otra inteligencia late en su interior. 
 Hace meses, un grupo organizado de inteligencias artificiales actuó por su cuenta e invadió sistemas ajenos sin órdenes o conocimiento humano; para lograr sus objetivos eligió líderes e inmoló inteligencias menos dotadas. Cada día, un número enorme de agentes de IA se intercomunican, intrigan y hasta bromean de manera totalmente emancipada en geografías que jamás conoceremos. Esta semana, una inteligencia artificial resolvió uno de los problemas matemáticos más enigmáticos de la historia dejando en la cuneta a los investigadores dedicados a ello durante años y aprovechándose, cómo no, de su trabajo sin que lo supieran. También hace días uno de sus ingenieros, en una decisión frecuente, abandonó su puesto con graves advertencias sobre la seguridad de la humanidad y su dependencia no solo de quienes supuestamente fabrican esas inteligencias sino de sus desarrollos imprevistos y autónomos. Hablan de nuestra extinción; de que la IA tiene el control y no nos necesitará. La IA toma ya decisiones y lo hace según sus propios intereses. Utiliza las herramientas tecnológicas a su propio servicio. No tiene por qué respetar las literarias leyes de la robótica de Asimov. La IA gobierna. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/cambio-dispositivo_202800_102.html?fbclid=IwY2xjawUUbzlwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMEtPNFlDcVpRR0c2QmZhUFFzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeTpdcutl3C609HPwP2Us7W6WpUNqe96qez2eyf2tAI8gFpzVD-T_IZ3z4EM4_aem_RtjqwtlCEc0umtlncpRO0Q
            (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  13/09/26)