Tan por lo común a remolque, esta comunidad autónoma se pone a la cabeza de según qué novedades. Fuimos pioneros en meter a la extrema derecha en un gobierno -¿”frankenstein”?- y ahora lo somos en recuperar una de las tradiciones más genuinas de nuestra historia negra: la censura. Ha llegado, como muchas novedades, de la cultura, de la Consejería de un ramo que, habitualmente, revela intenciones más temprana y claramente que otras. Dizque se dejará de apoyar con dinero público aquellos proyectos cinematográficos que no observen neutralidad ideológica. Se penalizará el apoyo partidista o ideologizado. Todo ello adobado con críticas al único festival de cine regional que conoce el mundo, la Seminci, por “adoctrinamiento”.
No cabe extenderse mucho sobre por qué depurar de ideología cualquier actividad supone el predominio de una ideología concreta y dañina. Como decían en las (ideologizadas) películas de gánsteres, “si tengo que explicarlo no lo vas a entender”. Es una prueba del algodón; como cuando alguien afirma ser apolítico (es de derechas o ultra) o que “no es racista, pero”. No existe la neutralidad ideológica, como no existe decisión que no implique posición política. Negar esa evidencia solo puede llegar desde una práctica concreta: la manipulación y el control ideológico. Algo que en este país se practicó con notable éxito durante casi medio siglo. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/desideologizacion_205234_102.html?fbclid=IwY2xjawVL3k5leHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRME1OZVlOYVo5NTJVeVZKQUZzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEePQov116SHHpZsC2Q-V0BPHc-pYmQOlOMyc1Yd1bz0nYGrePLCYy7NVsuxvU_aem__v7qZRPJarwTAypCKp286g
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 25/10/26)


