Un día de abril de hace un par de siglos, un paisano de Milo, peñasco volcánico de las Cícladas, encontró fragmentos enormes de una gran figura femenina: la estatua de Venus que lleva el nombre de su isla. Renacida a una nueva era de forma repentina, la admiración causada por su blanquísima desnudez provocó de inmediato la codicia del campesino y una disputa entre dos potencias colonizadoras, Francia y Turquía, apenas meses antes de que Grecia se rebelara como nación independiente frente a la segunda en una guerra cuya inicial batalla marítima se libró precisamente en esas costas.
Pero la diosa tallada y pulida en dos enormes bloques de mármol níveo ya no estaba allí. Tras dormir en un establo y en una bodega de barco, tal vez después de sufrir amputaciones y golpes, la estatua se ofreció a ojos de Luis XVIII y acabó por instalarse en el Louvre, donde aún hoy se muestra rodeada de jaspeado granate y el pasmo o la indiferencia de multitudes.
Existen otras muchas esculturas de Afrodita en diversas actitudes, muchas de ellas íntegras, como recién acabadas; algunas de ellas incluso compartieron espacio con esta en tiempos recientes, casi haciéndola de menos. Por eso la pregunta sigue siendo ¿qué la hace tan famosa? ¿Por qué esta y no, por ejemplo, la Venus Medici, la de Capua, etc.? ¿Es acaso porque no tiene brazos y la imaginación puede proporcionárselos? Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/piel-venus_195251_102.html?fbclid=IwY2xjawRb4UpleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBtTG9oWHc1djVyVjhjVlhqc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHnQQQLo92NBsT8zXJ7pAmSi-wvOJ6SU4N_epPc9xcJqjoWvb7WpqlmIC0NUB_aem_XO3e4VdgN1M9XKVyJc3jwA
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 26/04/26)


