domingo, 15 de febrero de 2026

Esperando el fallo

 


A menudo me pregunto de dónde viene toda esta mala hostia. Estamos a la que salta para enmendar la plana a alguien o ponerlo en ridículo (el celebrado “zasca”)  si no es de los nuestros, si no piensa como nosotros, si tenemos alguna cuenta pendiente o sencillamente por el mero capricho de prevalecer.

Algo de tanta inquina debe resultar de que estemos vertiendo todo lo que hacemos/pensamos/vivimos o no hacemos/pensamos/vivimos en entornos públicos que lo exponen al juicio ajeno en las redes digitales (¿sociales?). Nos percatamos en ellas de varias certezas dolorosas: ni somos especiales ni lo que nos pasa es singular ni merece la atención que desearíamos tuviera. Y más aún, que los demás se lo pasan mejor, son más especiales o más afortunados, una falsa sensación provocada por visualizar tanta supuesta felicidad y atribuirla a un mismo individuo colectivo cuando se trata de infinidad de ellos y, sobre todo, se trata de ficciones, de algo expuesto para ser admirado. Postureo, al fin.

Otro indudable motivo de tanta acritud reside en el quebrantamiento de una norma básica de educación o, si se quiere, de cortesía, de politesse: “la alabanza ha de ser pública y la crítica, privada”. La ruptura de ese código de convivencia convierte cualquier error en carne de venganza o menosprecio. Hay quien se agazapa para sacar los colores a quien tenga en el punto de mira; espera el fallo, desea la metedura de pata para escarnecer, para quedar por encima. A menudo lo hace sin miramientos ni medida, sin dar ocasión a rectificación o, aún peor, sin comprobar si tiene razón o si el error es suyo, si en realidad quien cuestiona se equivoca. Da igual. Ser más gracioso, más contundente, hablar más alto o llegar a más público y, sobre todo, no dar la cara, se convierten en un triunfo por aplastamiento sobre la razón o los modales cuya intención es amilanar o enmudecer a los más prudentes, educados o sensatos. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/esperando-fallo_191207_102.html?fbclid=IwY2xjawP_oTJleHRuA2FlbQIxMABicmlkETB3ck1NMGFnbHpZOVI2RTc0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHs2otXnWiY7rt6gyIDJuFNEU_5V1oF8MnSO9cDNFfXFj3rI-yJQpW7L4-g-L_aem_uAdfhrkV1ynhEO-HzVgzxQ

                       (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  15/02/26)

domingo, 8 de febrero de 2026

La España vacante

 


Hace una década, un libro sagaz y divertido de Sergio del Molino acuñó y popularizó la expresión “España vacía” que, como los mejores descubrimientos, llamaba la atención sobre una evidencia, revelando la desnudez imperial. Muchos otros han venido después a explotar o transfigurar etiqueta tan célebre, las más de las veces con el peor de los sucedáneos, el vergonzoso participio de fontanería “vaciada”. No es este caso, disculpen la licencia. La España a la que me refiero -en un país más que invertebrado reetiquetado – ha entrado en ebullición electoral y, al mismo tiempo, sigue vacante de proyecto, político y de país. O de territorio, como se dice ahora. Esa España vacía, de interior, marginal, despoblada, deshojada… que sale en el telediario por desgracias o folclorismos -hasta las nevadas las protagoniza ya la villa y corte- se entrega cansina y resignada a nuevas citas urnales y saturnales con ninguna esperanza, pero con mucha mala hostia, puesta casi toda en un partido neofascista cuyos intereses no coinciden con los de la tierra, pero lo disimula con ruido y furia.

En otros lares pergeñan “diferencialidades” o identidades políticas, por grotescas que se manifiesten. Madrid explota el vampirismo pijo y prepotente de Ayuso, con profusión de aporofobia y señoritismo; el nacionalismo catalán se quita el disfraz liberal y se pone el xenófobo a conveniencia; en el País Vasco y Navarra cupos y haciendas forales atemperan cualquier motín, mientras las costas colectan maná turístico con tedio de paseo marítimo y ojos cerrados a un Sol que calienta cada vez más. El centro geográfico, que en España es la periferia, no solo se vacía de gente en sumideros centro-laterales, si la emigración no lo impide, sino que está vacante de ideas, planes y personalidad que no consista en otra España, una de actitud bacante a base de verbenas de verano y teatrillos turísticos sobre gestas históricas rancias. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/espana-vacante_190778_102.html?fbclid=IwY2xjawP2Z_FleHRuA2FlbQIxMABicmlkETA1SUdWZTBodVdxUHRpV0hpc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHqcVBEvrBbME89mmqauc_KN293mIYY-fqjdP5ahULOhK-Dd-4aizRprssH73_aem_rhE9flRKOdp8eWsZ1Fo1RA

                      (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  08/02/26)

domingo, 1 de febrero de 2026

Casilla 58

 


En el Juego de la Oca si uno cae en la casilla de la calavera – o “casilla de la muerte”- se debe comenzar de nuevo la partida. Algo así está ocurriendo. Hemos vuelto a muchas casillas de salida o, quizás, hemos vuelto a un gran inicio general después de caer en la casilla ultra -o “casilla Trump”-. Ese retroceso se aprecia en particular en aquello de lo que hablamos y de lo que deberíamos estar hablando.

Hace tres o cuatro tiradas de dado estábamos debatiendo sobre las medidas más eficaces a corto y largo plazo para detener o aliviar un cambio climático que los científicos dan por seguro desde hace décadas y la población mundial, aparte de sufrir, conocía como verdad irrefutable. Hemos vuelto ahora a la casilla de discutir con cenutrios si existe o no el principal dilema de la humanidad.

Hace un par de tiradas teníamos claro que la migración era un problema originado en las condiciones de vida de los países de origen que impulsaban a muchas personas a buscar algo mejor. Y que debía tratarse a esos congéneres con los derechos que les asisten. Ahora estamos en si son personas de segunda y cabe encerrarlos y echarlos sin respeto, piedad o justicia.

Hace un par de movimientos, el asesinato en masa de civiles desarmados era condenado por todos, viniera de donde viniera, como la invasión o la violencia en general. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/casilla-58_190365_102.html?fbclid=IwY2xjawPtLLRleHRuA2FlbQIxMABicmlkETA2d3hvZnlTSEp1QTFIN0s5c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHqw2Tsrd6a9QMC3acdq65Vn5JG3zsKRLqrhLhZ89D5PKKYrwpojU20XdVyMJ_aem_oA_L-5gH4Lh2-vt9UJB2BQ

                     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  01/02/26)