domingo, 6 de septiembre de 2026

El oro de los museos

 


Hace algo más de un siglo el tesoro de Aliseda (Cáceres), cima de la orfebrería tartésica, fue hallado fortuitamente y, antes de rescatarse, llevado a fundir a un joyero que lo pagó al peso del metal. Podríamos sospechar que no alcanzaría mucho valor a causa de su inexistente ley y una posible mezcla con otros elementos, pero parece ser que no es así y el oro es siempre oro.

Durante estos últimos años los metales preciosos han multiplicado su valor en una escalada sin aparente techo, espoleados por la crisis de otros bienes especulativos y la inestabilidad mundial. Con ello ha cambiado la actitud de los ladrones ante los objetos de oro y otros materiales preciosos exhibidos en los museos: los robos han proliferado y sus maneras han cambiado: son asaltos directos, rápidos y violentos. Así el sucedido con el tesoro de Villena, conjunto insigne de la Edad del Bronce europea, el pasado 27.

No es difícil robar en un museo. Resulta más sencillo que en la mayoría de las joyerías y da igual la escala o importancia del museo, como demuestran el Louvre o el Británico, objeto de recientes sustracciones. Las mayores medidas de seguridad de las obras que conservan residen en su singularidad, su carácter único, y la exhaustiva documentación que las acompaña, susceptible de identificarlas en cualquier paradero ilícito. Por ese motivo, los robos más habituales suelen ser encargos, de particulares con muchísimo dinero que desean soberbia o maniáticamente poseer un objeto sin mostrarlo a la luz pública nunca más o para un mercado negro con idéntica condición. Solo hay otra opción: que se roben para ser fundidos, despiezados o transformados. Y esa es aún peor alternativa. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/oro-museos_202428_102.html?fbclid=IwY2xjawULNFNwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMERjdTkzcllITVlrbVBhRmtzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeTl_p_evU3_P_ClzVpHfKo3txpwvAJdzzT0hiNQvma1Ml6INO9OSvC0fn6_U_aem_icNSWWGBzlFb0S8QIZBScw

           (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  06/09/26)

lunes, 31 de agosto de 2026

Personajes de nuestra histeria, 10: verano

 

 

Doscientas cincuenta y una horas de coche, cero de avión (al fin), una y media de barcaza y sesenta y ocho de bicicleta. Pasos sin cuantificar. Siete playas distintas, nueve visitas culturales, una piscina, tres chiringuitos, once sablazos, tres abusos de precio y dos de autoridad, cinco broncas ordinarias, dos extraordinarias y una categoría premium.

Cuarenta y ocho intentos de siesta, veintidós exitosos, el resto amagos de distinta e irritante duración. Un conato de desmayo y otro de insolación. Catorce despertares en plena noche a causa de vehículos a motor carentes de silenciadores o en modo carrera ilegal. Cincuenta y cinco gritos y risas estrepitosas entre las dos y las cuatro de la madrugada desde la calle con resultado de mecagoentusmuertos desde la cama. Bonus track: instalación provisional (tres semanas) de una chapa metálica de gran sonoridad y riqueza de armónicos en orificio de la calzada.

Treinta y nueve cervezas, de ellas veintisiete en terraza, veinticinco de las cuales bien acompañado, una solo y otra deseando acabar. No se contabilizaron en la fiesta del pueblo. Doscientos cuarenta cafés (aprox.) en variadísimas situaciones. Once comilonas con resultado de dos indigestiones y cinco malas tardes; tres cenas al aire libre con resultado eritematoso y trece sándwiches de supuesto embutido engullidos en cualquier parte, con resultado de hambre a las pocas horas. Un chino excelente y un coreano de pega. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/personajes-nuestra-histeria-10-verano_202056_102.html?fbclid=IwY2xjawUCFOJwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMHozdnNHQVd5MVhtc2tmejBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe8UqqayhH80yqGuiuL75spTcoliGugTKzGMQ1s6-QWEIy_ssGYg7yW76Z4zk_aem_30t57W3vZVaXL4ophpYUVQ

          (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  30/08/26)  

Personajes de nuestra histeria, 9: el león

 

Que en tierras de León han campado pocos leones es un dato conocido o barruntado por casi todo el mundo. Tal vez alguno de paso en algún circo o por excentricidad adinerada. Casi todos conocemos también que la denominación de ciudad y provincia procede por corrupción (léase evolución, que en idiomas es lo mismo) de legión, del origen militar de la población cuyo espíritu cuartelero aún se deja ver con pertinacia. Quizás por el afán de abreviar y entenderse mediante el uso de símbolos parlantes en una sociedad analfabeta, con el tiempo la figura de un león acabó por significar a la ciudad y al reino y, al fin, por representarlas. De ahí a colocar leoncitos de todo tipo de materiales, formas y colores en todo tipo de tamaños, soportes y ubicaciones urbanas (rotondas, rinconadas y plazoletas, preferiblemente), solo median algunos siglos y la intención municipal de recargar una supuesta identidad que para sí quiera el mucho más discreto reino de Wakanda.  
Mola el león. Por ello se ha convertido también en emblema de tantos territorios y ciudades por el ancho mundo, lugares con frecuencia poco dados a estar poblados por tales animales: de los tres estirados y superpuestos ingleses a los espadachines de Sri Lanka o Países Bajos,  Montenegro, Chequia, Zaragoza o Jerusalén, entre una infinidad, ofrecen un catálogo de contorsionistas e irreales animalitos que hacen palidecer a los dibujantes de manga. El origen de este éxito reside seguramente en las virtudes de simba (león en suajili), que son notorias: rey de la selva a causa del poder de fauces y músculos es también el rey de la pereza, contradicción que quisieran resolver los clientes de los gimnasios del mundo. Es asimismo rey de la actividad sexual. Lo tiene todo. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/leon_201714_102.html?fbclid=IwY2xjawUCFFBwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMHozdnNHQVd5MVhtc2tmejBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEefXULj58k-BWqwuuzozjekv1vPQYsfUXPKcdKdfC3x75KtKTuZi9ZxRLIs0w_aem_b-9fMvDEQ-HYP4tou1vHPg
 
          (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  23/08/26)