Uno de los rasgos que más distingue a la ultraderecha (y cada vez más a la derecha) es el cuestionamiento de las elecciones democráticas; de la propia democracia, por tanto. A Trump o los abascales de aquí las elecciones les huelen a amaño, a fraudes que no demuestran pero denuncian. Y en buena lógica argumental y consecuente, cabría corregir sus resultados o, llegado el caso, prescindir de ellas, cosa que ya ha sugerido el delincuente presidente de los Estados Unidos.
No deja de ser curioso, en particular, que esas derechas hayan ganado o ganen elecciones limpias y las que pierden o pueden perder no lo sean. Así el Partido Popular, inscrito en el club de la insidia, ignora las elecciones autonómicas y municipales que ganó para centrarse en las estatales, que, por cierto, también ganó, pero sin suficiente margen. Solo son limpias si las ganan. Y por goleada.
Another Brick in the Wall acaba de colocar el Tribunal Supremo, negando cautelarmente el derecho a votar a unos cientos de miles de españoles por iniciativa, precisamente, de Vox y de Iustitia Europea, otro partido de cuño ultra. Uno de los argumentos encaja como guante en el prontuario mencionado: podrían alterar el resultado electoral. Ole. Como si los votantes desvalijados no formaran parte legítima de ese resultado, como si un solo votante no lo alterase, como si esa alteración pudiera, según extrañas averiguaciones del tribunal, favorecer a uno (malo) en lugar de otro (bueno). Eso es una bola mágica y no la de la bruja Avería. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/fumus-boni-iuris_203119_102.html?fbclid=IwY2xjawUdqdVwZG9mAWV4dG4DYWVtAjEwAGJyaWQRMFJiVFE5VXpSQXpjbkVmY3lzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeNmEDd0k6Gy548q8uOEas0EGs9bPHpwnsw5QKwngLW-afpFdvqW2f1lwmdOg_aem_kUyvSDl-oVKWyxtpx_vUcg
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 20/09/26)


