domingo, 19 de abril de 2026

Artemisa, diosa lunar

 


Ensombrecida por la estúpida guerra desatada por el binomio criminal Trump-Netanyahu en Oriente próximo, la noticia de esta temporada debería haber sido únicamente el regreso de misiones tripuladas al espacio, a la Luna. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de la NASA los tiempos han cambiado desde que la carrera espacial deslumbraba como aventura absoluta y se acompañaba de discursos altisonantes sobre los avances de la humanidad, que, aun disimulando la guerra fría, no eran tan sospechosos como ahora.

Hace décadas que Carl Sagan describió la Tierra como ese punto azul pálido que apenas se distingue en la monstruosa desolación espacial, un espacio frío, silencioso y letal. Los humanos necesitamos llevar un poco de la Tierra para sobrevivir fuera de ella, una pizca de su calor y su aire respirable en forma de naves selladas y acondicionadas o farragosos trajes que envuelven a los astronautas en una burbuja de vida separada de la vida.

En estos tiempos de saturación de imágenes, con miles de ellas amontonadas sin orden en el bolsillo, las de la Tierra “flotando” náufraga en su inmenso desamparo son las más poderosas de cuantas se hayan obtenido jamás. No solo porque revelan la voluntad de la especie humana de ir más allá de sus límites, todavía apenas una salpicadura insignificante en el colosal océano cósmico, sino sobre todo porque manifiestan una verdad más allá de cualquier consideración, una verdad que anula la mayoría de los argumentos que proliferan estos años: somos un mismo y frágil grupo habitando un mismo y frágil lugar. Diferencias “insalvables”, fronteras, injusticias, despilfarro, agresiones al medio ambiente... dañan nuestro hogar común quizás para siempre y clausuran un futuro para todos. No el del planeta, el nuestro. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/artemisa-diosa-lunar_194871_102.html?fbclid=IwY2xjawRSq9lleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBwYURseHpCbjFWZ3ZHRVg0c3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvCLSvdH7xwn_rvAgDF3AP6OTWmDOBFu3JMVIRfvrIGelb2B3QopwdUxmjWv_aem_DskjlvQCvBiKRj2_dZ3UHQ

               (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  19/04/26) 

domingo, 12 de abril de 2026

Familias reales

 


El pasado día 5, Juan Carlos I acudió a una corrida de toros en la plaza de La Maestranza, Sevilla. España, para más señas: desde unos 8000 km de su actual residencia personal y fiscal, vino a visitar a parte de su familia y ver cómo mataban unos animales en público. Como consecuencia de ello se tomó una fotografía peculiar, la que ven aquí. En ella, el rey emérito se sienta rodeado de su hija mayor, Elena, y una corte y cohorte de matadores de toros vestidos de distintos tonos cromáticos.

De inmediato viene a la cabeza Goya y la Familia de Carlos IV, en el Prado. Ese famoso cuadro de gran tamaño ofrece versión borbónica de Las meninas que el aragonés, a la sazón pintor de cámara, ejecutó para complacer a sus clientes, reunidos en una escena familiar idílica si no supiéramos nada de historia, nada de ellos. Así debería ser y así funcionaban las imágenes del poder en el régimen prerrevolucionario: eran una declaración perfectamente rebatible que nadie podía rebatir. En el lienzo goyesco, aparte la pareja real y otros, se encuentran el hijo mayor, Fernando, llamado a traicionar al padre y deponerlo, aparte de convertirse en el peor de los reyes españoles (puesto muy competido) o el hermano de este, que liderará el levantamiento contra la entronización de su sobrina, Isabel, dando pie a las turbulentas y dramáticas guerras carlistas. Y etcétera. No entremos en más detalles. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/familias-reales_194455_102.html?fbclid=IwY2xjawRJaqFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBnZHYzeXhwNEkyTFNEdkdsc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHkvy-6CvNtocllj5aAaqM-IkSmhUa_bsUvK3xX7Vssdht2Ajl8CJpCgygNNa_aem_8MXj1B2lhRkpmmJoFBTEwg

              (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  12/04/26) 

domingo, 5 de abril de 2026

Santa fuga

 


En estas fechas (señaladas y etcétera) siempre puede recurrir uno a su propia tradición. Ya saben, el típico artículo sobre la discordancia de la celebración de la Semana Santa respecto a los valores del cristianismo, su ostentación y alborotos; sobre cómo se invaden los espacios públicos sin consideración por parte de una confesión concreta en un Estado aconfesional, a veces hasta cobrando por ese uso con la manida excusa de los donativos; sobre los embotellamientos e incomodidades varias y arbitrarias; sobre como algunos ciudadanos se permiten cuestionar en masa otras celebraciones, otras fes, otros ritos con gran viga en ojo propio; también sobre lo molestos, inmoderados y cargantes que son peroratas y solemnidades cofradísimas que inundan con su intercambiable prosopopeya periódicos, calles, tertulias y tópicos turísticos; o sobre las cantidades ingentes de dinero -¡e impactos!- que afirman sesudos estudios manan gracias a estos multitudinarios afanes cuando nadie ha estudiado si tantos caudales se verterían de igual forma en unas vacaciones reglamentarias sin engorro de capirotes o si merece la pena vivir diez días acosado por gente disfrazada desfilando a troche y moche que ha pedido el sentido de la medida y del desarrollo lógico del drama pasional que dicen representar, roguemos por la hostelería, amén. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/santa-fuga_194060_102.html?fbclid=IwY2xjawRAL_RleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBTakJsQlVMMHlQNExTbTVqc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHg8QZN9sHmSRHn5pB1xvWFh_ZIo8Hi90YWOhQH45vZvIcten-qfcAGQrXhdJ_aem_cqCRjAunWwdI9hHlvElukQ

             (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  05/04/26)