lunes, 2 de noviembre de 2026

El espejo de Delft

 


Pasadas las 10 de la mañana del 12 de octubre de 1654 una enorme explosión reventó buena parte de la próspera ciudad neerlandesa de Delft. El estallido del polvorín del convento de Santa Clara, “El trueno de Delft”, como se conoció, resonó a más de 150 kilómetros de distancia y mató a más de un centenar de personas, entre ellas al portentoso pintor Carel Fabritius, destruyendo además gran parte de su obra. Ese mismo año regresaba a su ciudad natal Anton van Leeuwenhoek, padre de la microbiología, perfeccionador de la óptica y el microscopio y vecino de uno de los pintores hoy día más célebres del mundo: Jan van Vermeer. La cámara oscura, el microscopio y el telescopio se encuentran entre las herramientas que Vermeer utilizó para ir más allá en las indagaciones que han hecho de la pintura barroca holandesa una de las cumbres del arte mundial. Algunas de sus mejores obras han llegado al Museo Thyssen de Madrid desde el Mauritshuis de La Haya hasta el próximo mes de enero.

Entre ellas se encuentra la Vista de Delft (1660-61), uno de los paisajes más célebres y reconocibles de la pintura mundial, el cuadro más bello del mundo para Proust. No siempre fue así. Durante siglos y desde antes de su muerte, Vermeer no figuró entre los pintores de moda, arrasado por un cambio de gusto (como les sucedió a Rembrandt o Rubens) y arrinconado por su escasa producción de pequeño formato y clientela local. Su redescubrimiento y el gusto del público, sin embargo, han hecho que sus menos de cuarenta cuadros conocidos sean objeto de desmedida avidez para el aficionado y los museos. Entre ellos, este paisaje urbano ocupa un lugar de excepción a causa de sus dimensiones y ambición en una obra dominada por el recogimiento interior y el detenimiento en las calidades de los objetos. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/espejo-delft_205665_102.html?fbclid=IwY2xjawVWanRleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMFBydHFWZ3FiRnZYZFNZQmZzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEfABtsiS6X7OyaBBdqx6Kc8rUlj67zK_tTeSiVdSd9qVzF-9Huwk-qj1qztO8_aem_TRfxMLZLgZCZR4AM8kEdEg

                   (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  01/11/26)

lunes, 26 de octubre de 2026

Desideologización

 


Tan por lo común a remolque, esta comunidad autónoma se pone a la cabeza de según qué novedades. Fuimos pioneros en meter a la extrema derecha en un gobierno -¿”frankenstein”?- y ahora lo somos en recuperar una de las tradiciones más genuinas de nuestra historia negra: la censura. Ha llegado, como muchas novedades, de la cultura, de la Consejería de un ramo que, habitualmente, revela intenciones más temprana y claramente que otras. Dizque se dejará de apoyar con dinero público aquellos proyectos cinematográficos que no observen neutralidad ideológica. Se penalizará el apoyo partidista o ideologizado. Todo ello adobado con críticas al único festival de cine regional que conoce el mundo, la Seminci, por “adoctrinamiento”.

No cabe extenderse mucho sobre por qué depurar de ideología cualquier actividad supone el predominio de una ideología concreta y dañina. Como decían en las (ideologizadas) películas de gánsteres, “si tengo que explicarlo no lo vas a entender”. Es una prueba del algodón; como cuando alguien afirma ser apolítico (es de derechas o ultra) o que “no es racista, pero”. No existe la neutralidad ideológica, como no existe decisión que no implique posición política. Negar esa evidencia solo puede llegar desde una práctica concreta: la manipulación y el control ideológico. Algo que en este país se practicó con notable éxito durante casi medio siglo. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/desideologizacion_205234_102.html?fbclid=IwY2xjawVL3k5leHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRME1OZVlOYVo5NTJVeVZKQUZzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEePQov116SHHpZsC2Q-V0BPHc-pYmQOlOMyc1Yd1bz0nYGrePLCYy7NVsuxvU_aem__v7qZRPJarwTAypCKp286g

                  (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  25/10/26)

lunes, 19 de octubre de 2026

Cof, cof, cof

 


Tiene mala reputación la tos. No es estética y apenas tiene épica, lírica o narrativa. Sin embargo, como la de quienes nos defienden de nosotros mismos, su tarea resulta honrosa y oportuna: expulsa lo que no debe estar dentro, desaloja lo invasivo, rechaza lo perjudicial. La tos salva vidas, aunque amargue la vida de vez en cuando: y así me consuelo. Cof, cof. Uno querría método más discreto y menos irritante, uno que no pusiera en solfa cada minuto a causa de su repetición y predominio; que no nos pudiera en entredicho ante los demás con esa rudeza. Pero evolución y civilización no se tienen en cuenta. Cof. Una mera tos revela que no estamos bien y, si acaso, que cabe alejarse: a menudo su sonido segrega y nos segrega. Cof, cof.

Existen la tos seca y la tos húmeda, es notorio. Como las regiones climáticas peninsulares o las áreas de muchos laboratorios y lugares donde se cuece algo. El yin y el yan de la tos, su blanco y negro. Se prefiere la segunda, por razones obvias, y se la llama “productiva”, siendo así que la tos seca se queda en mero capricho corporal (uno más), casi siempre doloroso o molesto o ambas cosas. Cof. Ante la tos seca nos convertimos en juguetes del destino, peleles dominados por un mal cuyo sentido ignoramos. Dominados por un nervio engañosamente vago, por un reflejo donde no nos reconocemos. Cof, cof. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/cof-cof-cof_204806_102.html?fbclid=IwY2xjawVCoudleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMENCdW1WMk5KQW1xR29IeGFzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEePsXZ2hGm--O9SCeTpZI5B3EpP4T5MlzTa0uOhNafSoJTJEJHZZCjIKLk4ck_aem_FrkAn5VMN2PDr9gQOyR7ug

                 (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el  18/10/26)