martes, 22 de abril de 2025

Feminismo pero

 


Existe un amplio catálogo de frases cuñadianas relacionadas con el feminismo y casi todas incorporan un “pero”, sea gramatical o elíptico. Un compendio de todas ellas se ha convertido en el eslogan del PP este 8M: “feminismo pero del bueno”. El feminismo pero. Suena a no soy racista pero, etc. Uno ya no sabe si el publicista del PP es un topo o un primo de Feijóo después de sus éxitos con los vídeos de IA y otros inventos similares fruto, supongo, de la desesperación. De todas formas, el Partido Popular es muy del pero. Quizás sus siglas lo estén pidiendo: PPP, Partido Popular Pero. Se vota subir pensiones o salario mínimo y sí, pero. Se votaba el divorcio o el aborto y... no, pero.

El feminismo no tiene peros, sin embargos o preposiciones añadidas. Sí o no. Se está a favor de la igualdad entre hombres y mujeres o se es un discriminador, de facto o de idea, hacia más de la mitad del género humano. Sencillo. Y lo parecía ya hace sesenta años, hace un siglo y medio, cuando arreciaron las luchas por esos derechos. Y parece mentira que hoy, en 2025, haya que volver a discutir lo mismo una y otra vez, como hay que discutir de nuevo tantas obviedades que una derecha radical e integrista pretende cuestionar como quien cuestiona la dignidad humana en general. Una derecha civilizada debería saber que si le ponen peros, empieza el problema. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/feminismo-pero_171760_102.html?fbclid=IwY2xjawJ0JWJleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBGa1RVRFRxbHp0Tlg3YVM1AR7iIdQO6z0awW43uPci9e94VhCva69uLh7mJGYfdim25JDbVOJfuSvCFDFVvQ_aem_VQlK-ZuuEa6ttCL_SEeLdQ

      (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 09/03/25)

Urgencias

 


39 de fiebre de 2025. El centro de salud está a reventar. La sala de espera es tan angosta que muchos compartimos la misma duda, si está pensada así adrede o es un error arquitectónico que este lugar sea tan incómodo y, por el contrario, se abran cerca tantos pasillos y vestíbulos amplios, en apariencia siempre desiertos. Abundan las toses y algún lamento; que alguien se te acerque provoca un ligerísimo pero resuelto desplazamiento en cadena ante la sospecha de contagio de algo que no padeces. Dan ganas de marcharse. Quizás la estrechez y la incomodidad sean, al fin, una medida disuasoria.

Recuerdas que ya la entrada, en efecto, ha sido hostil. Una persona con bata blanca gesticulaba en la puerta guiando el trasiego peatonal hacia una ventanilla acristalada donde se pertrechaba otra que hace aspavientos y grita sin que el vidrio deje pasar el sonido. Un letrero medio desprendido avisa: “hable junto al interfono”, pero está tan rodeado de otros letreros (no olvide, no pierda, no toque, no grite….) que solo llegas a leerlo distraídamente después de la clase de mímica, cuando esperas a que fichen tu expediente. Al cabo, te otorgan un papelito con un código y tu nombre, el galardón de la prueba superada, la primera de las pruebas a superar. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/urgencias_171340_102.html?fbclid=IwY2xjawJ0JQFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBGa1RVRFRxbHp0Tlg3YVM1AR7OQZPiDbo5A5wUFUlQlhfMcXS-CU5CEGSsP-SCz8Q6KWFgIlM8NfCN0IraUw_aem_IHb2wiNdXaaXOMa7q96nGQ 

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 02/03/25)


Magnates mangantes

 


Si algo nos dejó claro el marxismo es que hay una explicación económica para todo: cherchez l’argent, podría decirse llanamente. Y que muy a menudo las cosas siguen igual con distinto ropaje.

Durante el antiguo régimen, en los siglos anteriores al XIX, el habitante de un país era sobre todo un súbdito (un “subordinado”), que debía obediencia y ocupaba un puesto definido y definitivo en una escala social rígida. Pocas ocasiones existían para ascender en ella salvo “encontrar” un antepasado de sangre noble que probase la hidalguía. El máximo interés de tal condición consistía en no pagar impuestos y de ahí el empeño de todo hijo de vecino por conseguir un título o certificado de ascendencia que permitiera escaquearse de tal obligación, considerada un estigma, lo que movió un lucrativo negocio de burocracia de la sangre.

Tal empeño sigue funcionando en nuestros días, pero en lugar de contratar un leguleyo que rebusque en los archivos hasta encontrar un antepasado notable cuyos apellidos suenen parecidos, se contrata un bufete, una empresa de ingeniería financiera o se recurre a la familia rica, por algo se les llama “hijos de papá”. De tal modo, el viejo propósito democrático de la justicia fiscal ha derivado en que los más ricos pagan menos impuestos, proporcionalmente y, a menudo, en términos absolutos. Tales desigualdades han propiciado una “nobleza del dinero” que, como la vieja, tampoco tiene nada de noble en el noble sentido de la palabra. Esa vil aristocracia escatima el dinero de todos, que ellos tienen por solo suyo, para su propio beneficio, ya sea el lujo, ya la segregación de su grupo social respecto de las penurias y miserias de plebeyos y asalariados que gastan de lo público, esa limosna. Intentan convencernos de que pagando ellos menos impuestos nos irá mejor a todos. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/magnates-mangantes_170927_102.html?fbclid=IwY2xjawJ0JFtleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBGa1RVRFRxbHp0Tlg3YVM1AR7OQZPiDbo5A5wUFUlQlhfMcXS-CU5CEGSsP-SCz8Q6KWFgIlM8NfCN0IraUw_aem_IHb2wiNdXaaXOMa7q96nGQ 

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 23/02/25)