lunes, 25 de octubre de 2021

El perdón y la culpa

 


No es difícil pedir perdón por cosas que sucedieron hace medio milenio. Resulta sencillo disculparse por lo que uno no hizo, por lo que hicieron otros, aunque fueran antepasados, y no deja de tener una pizca de ironía y un mucho de condescendencia. Es algo así como “fijaos qué bueno soy: yo no lo haría y, además, me disculpo porque lo hicieran otros”. Excusarse por terceros pretende indultar la falta de los ofensores y dispensar las exigencias de los ofendidos, se sitúa en un plano de superioridad moral respecto a ambos, los absuelve.

No me siento responsable de nada que hiciera mi tatarabuelo; ni siquiera mi padre. Si me estuviera beneficiando ilegítimamente de ello, solicitar un mero perdón solo supondría una falsedad más para perpetuar el abuso. Por ese motivo, cuando un país, o una iglesia como la católica, solicitan perdón por algo que cometió un país que ni siquiera existe ya, una iglesia o una cultura ya irreconocibles las más de las veces, no deja de convertirse en un acto simbólico destinado a los que gustan de tales ceremonias, pero un acto hipócrita, como casi todas las ceremonias. Un acto que coloca al penitente en la preeminencia del arrepentido de forma vicaria. https://www.lanuevacronica.com/el-perdon-y-la-culpa

  (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 17/10/2021)

 

 

martes, 12 de octubre de 2021

El momento de la vergüenza

 


A propósito de los abusos a niños por parte de clérigos, ha dicho el papa que este es el momento de la vergüenza, aunque ni siquiera en el propio Vaticano han sido capaces de dictar una sentencia inculpatoria. Predicar y dar trigo. En otros países, entre la ocultación, las dificultosas pruebas y la prescripción de los delitos, de esta pederastia endémica tan solo va a quedar ingeniería contable, nada de impuestos: 220.000 niños en Francia desde 1950. Como mínimo. En España la cuenta queda pendiente para la próxima regulación fiscal.

La vergüenza está bien, pero ni cotiza ni se multa. En la nueva entrega de los papeles paradisiacos (fiscales) ya nada nos sorprende. ¿Quién barruntaría acaso que millonarios tan españoles y mucho españoles pagasen religiosamente a la Hacienda de España? ¿Quién creyó que aquel monarca hullero fuera insolvente y solo tuviera una Vespa? ¿A quién habría de maravillar que invitados a una convención del PP fueran destinatarios de sobrecitos remitidos desde unas Caimán cualquiera? ¿Qué ciudadano desconoce, por fin, que los servicios públicos los pagan aquellos que no pueden pagarse una buena ingeniería financiera y que, por eso, quienes pueden pagarse los privados para qué van a defender lo de todos pudiendo hacer negocio con ello? ¿Cómo no creer a los Julio Iglesias del mundo cuando entonan eso de “la vida sigue igual”, “soy un truhan, soy un señor”, etc.? El momento de la vergüenza no es el de la extrañeza. Todo resulta tan previsible que menos mal que nos queda Luis Enrique. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/el-momento-de-la-vergenza

  (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 10/10/2021)

domingo, 3 de octubre de 2021

Los peces en el río

 


La noticia provoca escalofríos: aparte la iluminación urbana, que deslumbra desde la bajada del Cebreiro, Vigo instalará una megafonía en las calles destinada a emitir villancicos durante tres meses, de noviembre a enero. “Coincidiendo con las fiestas” afirman ufanos. Además, el “servicio” de los 430 altavoces ha sido contratado para los años 2021 a 2024. El horror, que decía Brando.

Bien mirado no es de extrañar que el alcalde de esa ciudad sea considerado un visionario, aunque nunca he tenido claro si esa palabra se refiere a alguien con visión o con visiones. El centro de las ciudades se comporta cada vez más como un tablao, un belén, un circo, un teatro, un circuito… Ya me entienden. Y los ciudadanos han de soportar el espectáculo quieran o no. Algo como las funciones escolares: tú solo quieres ver los cinco minutos del crío tuyo, pero te tienes que merendar las dos horas y pico de los demás.

Antes de la pandemia ya era difícil un recorrido urbano cualquiera sin resultar arremetido o acorralado por tal o cual celebración, festividad o manifestación en un número de días al año suficiente como para celebrar en la intimidad los días “normales”, la trivialidad como “new black”. Por el centro de la ciudad, a veces la yincana es a cara de Rambo y machete interdental. Mucho quitar coches para después llenarlo todo de maceteros, veladores, desfiles, estatuillas, romerías y trenecitos. La pandemia alivió este desasosiego una buena temporada (algo bueno había de tener), pero ahora que al fin declina, se siente un tremor orográfico callejero provocado por los muy distintos y apretados eventos llamados a invadir con saña y ansia bienal los espacios públicos. De poco sirve que tales festividades cuesten un ojo de la cara del contribuyente (en Vigo unos doscientos mil eurazos), de poco que se repitan y vulgaricen, de poco que no respondan a su denominación, origen o cometido. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/los-peces-en-el-rio

  (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 03/10/2021)