Tiene razón el gobierno, pero no les entendemos. Lo que
sucede es que creemos que tienen razón de forma instantánea, al tiempo que hablan.
Pero no. Ellos van más allá, auguran y sentencian en otra dimensión. Y es que no
tienen razón dónde y cuándo ellos dicen lo que dicen, sino precisamente en ámbitos
de la realidad distintos y, a veces, distantes. Es un problema de dislocación
espacio-temporal. Pasa mucho en los partidos políticos, especialmente si están
gobernando. Por ejemplo, tenía razón María (y) Dolores de Cospedal: estamos
dando el finiquito en diferido mediante simulaciones. Pero aquí lo que no advertimos
era el tema. No hablaba de Bárcenas, sino del planeta (véase la cumbre de París
sobre el clima), de los derechos sociales (“reformados” dicen), de los
refugiados de oriente… de cualquier otra cosa que se les ocurra. Estamos dando
finiquitos en diferido a cada minuto.
A veces lo que no cuadra es el lugar. Tiene razón Rafael Hernando, el
portavoz del PP, solo que la tiene en la barra de un bar, mientras pisotea
cáscaras de mejillones y se saca el palillo de los dientes para escupir. No
allí, en el estrado del Congreso. Quizás en los bares se comporte como un
gentleman. Quién sabe. El maestro de tales quiebros es el presidente, por algo
es el presidente. Cuando tiene que estar debatiendo, juega al dominó, cuando se
sube a un banco a dar un mitin debería estar con el logopeda, y cuando tendría
que estar echando un futbolín con Bertín, está, en efecto, allí, que es otra
manera de estar fuera de lugar. Por ese mismo motivo, se encuentra ahora, de
nuevo, en campaña contra Zapatero. Aunque ahora se llame Pedro Sánchez. Ha
cogido su DeLorean y se ha proyectado cuatro años atrás. De hecho, si dejamos
aparte unos cuantos (millones) de personas que están mucho peor, las cifras del
país se parecen bastante. Pelillos a la mar. Maldito ZP.
Así que este lunes no voy a ver el debate, sino que repasaré el de Rajoy con
Rubalcaba, a ver si me pongo al día.
(Publicado en La Nueva Crónica de León, el 12/12/2015)
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