lunes, 4 de septiembre de 2023

Metafísica de la canícula 6: Hipatia y la vuelta al cole

 


Empezaba esta serie en julio con una imagen de “La escuela de Atenas”, en las estancias pintadas por Rafael en el Vaticano. En ese famoso mural solo hay una mujer, Hipatia (en la imagen, ese detalle).  De ella dice el historiador Sócrates el Escolástico, fuente cercana y fiable: “Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción”. Con ella concluye esta serie festiva como mucho más seriamente concluyó, de forma simbólica, el pensamiento de la Antigüedad de forma abrupta: Hipatia no solo fue asesinada por una horda de fanáticos instados por el obispo Cirilo (más tarde santo y doctor de la iglesia católica), sino que la leyenda se apropiaría de su vida para convertirla en la biografía falsa de una santa, Catalina. Ya su padre, el astrónomo Teón, le había advertido: “Todas las religiones dogmáticas formales son falaces y nunca deben ser aceptadas en sí mismas como fin por las personas. Reserva tu derecho a pensar, porque incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar en absoluto”.

Hipatia suele ejemplarizar la sofrosine -la sobrietas romana- la templanza y el autocontrol, la moderación y el equilibrio. Tomémosla como referente al final de los que fueron días menos atribulados para desafiar las urgidas demandas del regreso a la vieja normalidad, no por sabida menos apremiante. Si alguna herencia deja el verano es la mella en nuestras capacidades, la de restaurar los hábitos y la de llevar a término tareas complejas. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/metafisica-canicula-6-hipatia-vuelta-cole_143190_102.html?fbclid=IwAR3dBqh_e6tv1TCVluG-DYDdsTtIGJVBBJLSaIBripKU_a8VR-6FfKj4MoA

    (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección estival titulada "Metafísica de la canícula", el 03/09/2023).

Metafísica de la canícula 5: Diógenes y la celebración de la sombra

 


Diógenes de Sinope -no confundir con los varios de su nombre que habitan filosofía y tratadística griega- era un cínico, o, dicho de otra forma, “perro” (sobrenombre de actualidad por motivos ajenos). Su despojamiento de lo mundano era tanto que solo concebimos verlo en agosto como el resto del año: no se mueve del sitio, aunque busque, a la sazón, la benéfica sombra. Su opción es compartida por multitud de conciudadanos que no veranean según las distintas y tópicas alternativas que venimos glosando a la griega. Lo hacen en casa, con las persianas a media asta, la terraza por trinchera y algún paseo nocturno para buscar una fresca honesta.

Pese a su frecuencia, esta práctica quebranta la moral de las costumbres y podría verse como subversiva. Así lo siente Diógenes.

-        A mi manera contribuyo al bienestar de mis semejantes aunque estos estén lejos de agradecerlo. Ellos me condenan a quedarme, pero yo los condeno a irse –y apoya su alegato con un aparatoso requerimiento al camarero que este, con la familiaridad que les une, interpreta con un desprecio más olímpico que délfico.

-        ¿Qué local es este que no atiende a sus clientes como merecen? ¿Hallaremos aquí un solo hombre honrado? – y apunta con la linterna de su teléfono hacia la cara del camarero ignorante (pues le sigue ignorando). Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/metafisica-canicula-diogenes-celebracion-sombra_142900_102.html?fbclid=IwAR2VyaQKdqz7Nm5nGuyQp1gB9VE7hPrDIhG58uISYo_4sA93tchgt0BpGAo

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección estival titulada "Metafísica de la canícula", el 24/08/2023).

Metafísica de la canícula 4: Estoicismo de pago


 Hace pocas semanas las autoridades culturales (nótese el oxímoron) decidieron cobrar entrada en el Panteón de Roma. Hasta entonces el lugar era una plaza más de la vieja ciudad donde transeúntes y turistas entraban y salían sin más preámbulo para verse atrapados por la grandiosidad del lugar. A esa naturalidad antigua le han puesto una taquilla. Lo mismo hicieron hace años con todas las catedrales: disfrutar de unos minutos de descanso o contemplación, del mero frescor y deleite de esos interiores, se ha convertido en un trámite que “hay que aprovechar” con una deambulación organizada, reglada, turística. Y de pago. Quienes lo justifican hablan de contribuir a su mantenimiento, como si no lo hiciésemos ya o ese copago lo garantizase mejor. Hasta hay quien dice que pagando se valora más, simpleza que no merece comentario.

Otro de nuestros filósofos de cabecera opta, este verano metafísico, por el turismo cultural. Si el turismo es un gran invento no digamos la cultura. La cultura es al turismo lo que la piña a la pizza.

Nuestro sabio responde al nombre de Epicteto, puntal de la escuela estoica, que, contra la acepción del diccionario, no gusta de sufrir o resistir penalidades a lo bobo, sino que promueve la virtud de la templanza ante cualquier ardor. Prefiere el fuego lento. A pesar de tales morigeraciones, Epicteto también vacaciona. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/metafisica-canicula-4-estoicismo-pago_142613_102.html?fbclid=IwAR3V4sCGb8Wtn3Tk4IraXwRbqXv5YKMZZR0WmFhH-CZTkFQRRIqDY4KRlwI

     (Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección estival titulada "Metafísica de la canícula", el 17/08/2023).