En el prospecto de una medicina que conozco se plantea un
dilema epistemológico-metafísico (o cómo se diga) de trapío. Entre los efectos
adversos advierte: si le sobrevienen pensamientos de autolesión o un intento de
suicidio, informe a su médico inmediatamente. Pese al conflicto de sincronía de
la frase, cuyo afán providencialista corrobora lo que diré, participa también
de la candidez que presupone un comportamiento precavido al suicida y la
posibilidad schroedingeriana de estar a un mismo tiempo afectado por la
medicación y no estarlo. Se trata de un problema como el del martillo para
romper cristales custodiado tras un cristal. Pero quería llamar la atención
sobre el hecho de que tal advertencia se realice a los “casos excepcionales”,
tercero y último de los grupos considerados, tras los comunes y los raros: uno
de cada cien. Un porcentaje espeluznante, un medicamento necesario.
Si no fuera por su abuso de la jerga y cierta petulancia en
las expresiones, la literatura médica sería uno de los géneros dilectos del
gran público. Pero no, los españoles (y quién sabe cuántas naciones más) nos
vanagloriamos de no leer los prospectos médicos con una mezcla de suficiencia y
temor ante el qué dirán (los prospectos). Yo los leo, con la resignación que
atribuyo a mi gusto por cierta novela negra en que nunca gana el detective
aunque enamore a la chica y tampoco olvido la literatura de viajes, pues los
prospectos médicos se despliegan como un mapa y, como un mapa, pocos serán capaces
de plegarlos en la forma original. Su cartografía conduce a territorios
hostiles e inexplorados, como debe, pero cabe la esperanza de llegar a destino. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/principio-activo
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 11/04/2021)