En estas fechas (señaladas y etcétera) siempre puede recurrir uno a su propia tradición. Ya saben, el típico artículo sobre la discordancia de la celebración de la Semana Santa respecto a los valores del cristianismo, su ostentación y alborotos; sobre cómo se invaden los espacios públicos sin consideración por parte de una confesión concreta en un Estado aconfesional, a veces hasta cobrando por ese uso con la manida excusa de los donativos; sobre los embotellamientos e incomodidades varias y arbitrarias; sobre como algunos ciudadanos se permiten cuestionar en masa otras celebraciones, otras fes, otros ritos con gran viga en ojo propio; también sobre lo molestos, inmoderados y cargantes que son peroratas y solemnidades cofradísimas que inundan con su intercambiable prosopopeya periódicos, calles, tertulias y tópicos turísticos; o sobre las cantidades ingentes de dinero -¡e impactos!- que afirman sesudos estudios manan gracias a estos multitudinarios afanes cuando nadie ha estudiado si tantos caudales se verterían de igual forma en unas vacaciones reglamentarias sin engorro de capirotes o si merece la pena vivir diez días acosado por gente disfrazada desfilando a troche y moche que ha pedido el sentido de la medida y del desarrollo lógico del drama pasional que dicen representar, roguemos por la hostelería, amén. Seguir leyendo: https://www.lanuevacronica.com/opinion/santa-fuga_194060_102.html?fbclid=IwY2xjawRAL_RleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBTakJsQlVMMHlQNExTbTVqc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHg8QZN9sHmSRHn5pB1xvWFh_ZIo8Hi90YWOhQH45vZvIcten-qfcAGQrXhdJ_aem_cqCRjAunWwdI9hHlvElukQ
(Publicado en La Nueva Crónica de León, en una sección titulada "Las razones del polizón", el 05/04/26)
